El volumen cada vez mayor de datos online que se puede guardar hoy en día es un almacén de datos en varios sentidos. Todo tweet enviado, toda web buscada y botón “Me gusta” pulsado contribuye a aumentar la información disponible sobre el usuario. A continuación, los responsables de la búsqueda de esos datos clasifican la información, crean “paquetes” de datos y los venden a empresas que así pueden canalizar mejor su oferta al consumidor. Pero, ¿en qué momento todo ese reparto de datos se vuelve abusivo, principalmente si el consumidor no tiene control sobre la manera en que se utilizan sus datos? ¿La explosión de información disponible ha llevado a que las empresas sean menos aptas para prever el comportamiento del consumidor?


