Les recomendamos revisar este documento preparado porr Francesc Pedró, Jefe de la oficina Sectorial y TIC en Educación de la UNESCO, y publicado con el apoyo de la Fundación Santillana. Aquí les copio la introducción al mismo:
El objetivo de este documento de trabajo consiste en ofrecer una visión de conjunto sobre qué es lo que funciona en materia de tecnología1 y educación escolar2, mediante el análisis de los datos disponibles, ofreciendo un marco teórico que permita interpretar por qué determinados planes, estrategias y actividades funcionan y otros no y, finalmente, realizando algunas recomendaciones que permitan informar la toma de decisiones tanto en el aula y en el centro escolar como en el sistema escolar en su conjunto.
En el seno de un aula se suceden un sinnúmero de actividades a lo largo de la jornada escolar. La sola idea de intentar resumir todos los usos posibles de la tecnología en el aula, tomando en consideración las distintas necesidades y expectativas en relación con las características de los alumnos (contexto social, edad, aptitudes, motivación…) y áreas curriculares, parece en sí misma un verdadero despropósito destinado al fracaso. Resultaría imposible dar cuenta de la enorme variabilidad que cabe encontrar3 y, por si aún fuera poco, de la volatilidad de muchas prácticas que, con frecuencia, son ensayos que pugnan por consolidarse y que solo en contadas ocasiones se extienden en el tiempo o, aún más raramente, se generalizan a otras aulas o centros escolares. Pero hay, efectivamente, prácticas que se consolidan y explicar su denominador común, a tenor de lo que la investigación acredita, es lo que este
documento se propone hacer, evitando en la medida de lo posible cualquier tentación enciclopédica.
El documento de trabajo se divide en cinco partes. La primera sintetiza brevemente las razones por las cuales debería esperarse un mayor y mejor uso de la tecnología en educación. La segunda parte presenta un balance del estado de la cuestión, mostrando algunos datos disponibles acerca del uso real de la tecnología en los centros escolares y la distancia que la realidad mantiene con respecto a las expectativas de partida. Así las cosas, la tercera parte ofrece un horizonte razonable para avanzar hacia una educación escolar de mayor calidad aprovechando con realismo las oportunidades que la tecnología ofrece. No se trata de incrementar sin más la intensidad del uso de la tecnología, sino de interrogarse acerca de los beneficios que las soluciones tecnológicas podrían aportar para conseguir que los alumnos aprendan más, mejor y distinto, traduciendo este lema en términos prácticos y factibles para la generalidad de docentes. La cuarta parte ahonda en las razones que explican qué es lo que funciona y que, por tanto, permiten tomar decisiones informadas si se desea sacar partido de la tecnología en el aula, en el centro escolar o en el sistema en su conjunto. La quinta y última parte establece algunas conclusiones transversales a los capítulos previos y avanza, al mismo tiempo, la agenda pendiente de investigación.
La velocidad con la que los cambios tecnológicos se han sucedido desde la irrupción del primer ordenador personal y la rapidez con la que otras innovaciones tecnológicas están llegando, por no hablar del ritmo con el que se suceden los anuncios de las que están por venir, impiden digerir de forma adecuada no solo las soluciones que proponen a viejos problemas, sino también afrontar los retos sociales, económicos, políticos y, por supuesto, educativos que plantean. Esto es indicativo de que el esfuerzo que van a tener que realizar centros escolares y docentes en los próximos años será mucho más importante que lo que se puede prever y es de esperar que unos y otros encuentren el apoyo de todo orden que merecen tanto desde un punto de vista político como social. Lo que este documento de trabajo intenta hacer, en este sentido, es demostrar que semejante esfuerzo vale, pedagógicamente hablando, mucho más de lo que cuesta.
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