“Si varios países de Europa entran en recesión, tal y como predicen numerosos especialistas, es casi seguro que se produzcan efectos negativos, aunque de diferente intensidad, en las economías de todo el mundo. Los profesores de Wharton evalúan el impacto de la recesión en la zona euro, así como los pros y los contras de las posibles medidas de recuperación”.

Los Gobiernos de Italia y Grecia han caído presionados por la mala situación económica por la que atraviesan sus países. Los políticos se han echado a un lado y han dejado paso a un grupo de tecnócratas con los conocimientos económicos suficientes como para sacar a estos Estados del agujero en el que se encuentran. Es una decisión prácticamente sin antecedentes históricos comparables, por lo que, de momento, es una incógnita saber si será eficaz. En cualquier caso, la capacidad y eficacia de los políticos está en entredicho. ¿Se puede concebir en un futuro a medio y largo plazo una Europa gobernada por tecnócratas?
La idea de medir la felicidad —o el bienestar— puede parecer una empresa arriesgada. ¿Cuáles serían los parámetros de medición de un intangible así? Amplíe primero el concepto para la medición de la felicidad de un país entero; a continuación, compare el nivel de felicidad de diferentes países: aquí reside el desafío para los economistas; por lo menos es lo que parece. Lo que sucede es que hay algunos defensores improbables, otros hasta muy conocidos, de un índice de felicidad a lo que les gustarían que la población de un país fuera feliz viviendo en un ambiente que promoviera el bienestar y el éxito económico.
El pasado 4 de agosto fue una jornada que Latinoamérica difícilmente podrá olvidar, ya que ese día los principales centros bursátiles de la región y del resto del mundo, sucumbieron por temor a una posible y nueva crisis económica en Estados Unidos, similar a la que se desató en 2008.